Colombia
La ciudad amurallada del Caribe colombiano, con precios honestos para 2026: el peso se movió y cada puerta cobra aparte.

Moneda
COP
Idioma
Español
Mejores meses
De diciembre a abril — temporada seca: vientos alisios y dos o tres días de lluvia al mes
Presupuesto medio
$
145
/ día
Cartagena es un puerto español amurallado sobre el Caribe que lleva quinientos años dejándose fotografiar y más o menos el mismo tiempo cobrando por ello. Adentro de la muralla: casas encaladas y ocres con balcones pesados de madera, buganvilla cayendo por encima, plazas que se vacían al mediodía y se vuelven a llenar a las seis. Afuera: Getsemaní, que es donde la ciudad realmente sale, y Bocagrande, que es una pared de torres frente a la playa. A una hora mar adentro están las Islas del Rosario, y cruzando un puente hacia el sur, Barú.
Lo que nadie te cuenta es que el precio que te dan acá casi nunca es el precio que pagas. La lancha se cotiza sin el muelle. El taxi no tiene taxímetro. La foto tiene tarifa. Y la moneda misma se movió fuerte: el peso subió cerca de 18% solo en 2026, así que todos esos consejos de internet sobre lo barato que es esto se escribieron con una tasa que ya no existe. Nada de eso hace de Cartagena una mala idea. La convierte en una ciudad que premia al grupo que pide el total por adelantado, alquila la lancha entera en vez de comprar seis puestos en ella, y sabe que la mejor noche de la semana es gratis y pasa en una plaza.
La propina está regulada por la Ley 1935 de 2018, y vale la pena conocerla porque casi nadie la explica en la mesa. Un restaurante puede sugerir una propina de hasta el 10% del servicio, y tiene que preguntarte antes de imprimir la cuenta definitiva. Puedes rechazarla, o pagar otro monto, en cualquier momento; y a un negocio que la cobre a la fuerza lo puede multar la SIC. En la práctica: dile que sí cuando el servicio estuvo bien, en efectivo si puedes, y nunca te sientas raro por decir que no.
En todo lo demás, más que propina es una costumbre: acuerda el número antes del servicio, no después. Vale para los taxis, para los vendedores de playa, para las fruteras de las plazas y para la foto de cualquier persona en pollera.
Lo que de verdad le cuesta plata al visitante acá no es la inseguridad, es la transacción sin precio: el taxi sin taxímetro, el masaje en la playa que termina costando cuatro veces lo que suponías, el plato de pescado frito que nadie cotizó. La costumbre que resuelve casi todo es aburrida y absoluta: pregunta el precio, en voz alta, antes de que pase la cosa. Los taxis se acuerdan antes de subirte, y la tarifa mínima oficial es de COP 12.250 con un recargo de COP 1.100 entre las 19:00 y las 05:00. inDrive es lo que usa todo el mundo porque ahí el precio lo pones tú.
Al Mercado de Bazurto vale muchísimo la pena entrar, de día y con alguien que lo conozca; las calles de alrededor no son para andar deambulando de noche. De la escopolamina se habla todo el tiempo: el riesgo es real pero poco frecuente y depende casi siempre de las mismas situaciones — un trago que no viste servir, un sitio sin licencia de madrugada y solo, un desconocido que se te acerca primero. Con tu propio grupo, en lugares normales, no es lo que tienes que planear.
El calor sí. Está entre 31 y 33 °C con humedad casi todo el año, y tumba a cualquiera que intente caminar la ciudad amurallada a las dos de la tarde. Agua, sombra y un día armado alrededor de la mañana.
Claro, Movistar o Tigo te venden una SIM prepago en minutos con el pasaporte, y si tu teléfono acepta eSIM también funciona. La cobertura en la ciudad y en Bocagrande es buena; se adelgaza en la lancha y en las islas más lejanas del Rosario. Algo que conviene saber antes de salir de tierra firme: <strong>las tasas del muelle se pagan en efectivo</strong>, así que lo que te va a salvar ahí no es la señal, son los pesos en el bolsillo.